elenac

Aug 20

Tremendista

Aunque es vocacional, creo que si hubiera usado la cabeza en lugar del impulso no sería periodista sino alguna otra cosa que me aislara más del mundo y que me hubiese apetecido mucho ser, como poeta, músico o jardinero.

Cuando ocurren tragedias como la de hoy y no ha muerto nadie que conozcas, el único alivio es el de la información. Si leer ayuda, imagina, escribir es aún mejor. Diría que calma la ansiedad, pero es que a mí trabajar no me calma ninguna ansiedad. Pero me pone peor no saber, y aún peor, no hacer.

Yo no puedo pensar en el museo subacuático de arqueología sumergida en Alejandría cuando no sabes porqué se cae un avión ni cuánta gente ha muerto, aquí mismo, tan cerca de mi casa. Tú podrías haber estado en ese avión.

Como en el 11-M, yo sólo encontraba cierto alivio en el contar y recontar de mi blog.

Leopoldo Alas murió hace unos días y hoy he publicado un pequeño texto que ha escrito sobre él Víctor Crémer, que es poeta como su abuelo Victoriano y además tiene una voz preciosa. Yo a Leopoldo sólo le conocía de un par de holas, pero Víctor Crémer era su amigo y aunque me daba cierta vergüenza pedirle un obituario, sin confesarlo yo sabía que escribir sobre quien se te ha muerto es un alivio, porque que es ya lo único que puedes hacer. Y eso quiere decir que al menos hay algo que puedes hacer. Ante la muerte, sólo hay una cosa que puedes  hacer, escribir sobre ella.

Cómo se podían ir a casa mis compañeros al acabar su utrno era algo que no me entraba en la cabeza. ¿Puede coger uno e irse a casa? Yo no quería irme, aunque ya no era útil.

Supongo que por eso estoy aquí, escriiendo en este blog postizo mientras el mío sigue en primeros auxilios.

Soy una tremendista. No me gusta como escribo porque parezco una de esas mujeres sensibles que se esfuerzan en demostrar lo intensas que son. Yo no quiero ser intensa nada de nada. Ni sensible, yo quiero tener callo. Pero todo suena tremendista, incluso esto.

Ayer una compañera repitió unas palabras que yo había dicho. Una de esas sentencias tremendistas sobre que las rupturas son heridas que no cicatrizan jamás. De verdad creo que es así. Sé que es así. Pero parece que ese no es el tipo de cosa que le dices a una persona que está rompiendo.

No sirvo para dar ánimos, no me sale. Y mis puntos optimistas son bastante tremendistas. “Por eso vistes de negro”, ha dicho hoy Xx. Le encanta meterse con mi ropa. Y no es por eso, “es porque es elegante”, digo. Y sí. Pero vamos, tremendista, también.