elenac

Sep 30

Nudo de cielo y delfín

“Cada hombre y cada mujer es una estrella”, Aleister Crowley.
“Cocó es una estrella”, Aldo Linares.
“El futuro es una fea palabra entre estas gentes, y sin embargo tú sufres por pronunciarlo”, Rodolfo Hinostroza
Naves sin puertos es el mejor disco de música electrónica que oí en mi vida, nunca un disco me había hecho llorar”, Edumon.


Podría empezar a hablar, y no parar, sobre todos los recuerdos que ahora atesoro de mi relación Cocó, que no son tantos como quisiera tener. Cumpliendo con la que consideraba que era mi obligación, he escrito no el artículo que Cocó merece, sino el que fui capaz de hacer ayer, desde el exilio de una redacción, el arrope de Marta y su jerez, de la cercanía de Mario y de la imagen desamparada de sus amigos abandonados.
Lo que he escrito está lleno de palabras que callo. Las más importantes son estas, que ahora puedo decir porque no tengo que ser periodista (“ser periodista”, algo que Cocó habría odiado), las impresionantemente bellas canciones de Silvania, la actitud de Ciëlo, la ternura y la sinceridad de Cocó, así como la de Mario, han formado una parte muy importante de mi vida, porque me han enseñado a ser valiente, a ser especial, única, una estrella.
Entre Cocó, Mario y Aldo, además, me enseñaron a adorar el Perú, el elegante sonido de su país en los sesenta, como en los Belkins, comer arroz con papas cuando no había otra cosa, saltado si estábamos de suerte, hacerse respetar y perseguir un sueño. Pronunciar la palabra “belleza” sin ruborizarse. No es tan fácil.

Benicàssim, 1995

Benicàssim, 1995.